volviste a mí.
y volviste a mí.
Hace no tanto tiempo, me juré a mí misma que si tuviera la lejana y remota posibilidad de volver a ti, lo rechazaría.
Bajo ninguna circunstancia habría pensado que volverías a mí de nuevo.
Desde que marchaste pasé día tras día, minuto tras minuto, recordando, quizá imaginando el momento de verte, esperando y por otra parte, intentando asimilar algo para lo que no estaba preparada: que no volvieras.
Pasaros los meses.
5 mensajes y una llamada asolaron mi corazón.
Estabas aquí.
Intenté ser fuerte, lo juro, pero como siempre, eras tú.
Volviste a mí como si de un recuerdo se tratara y seguí queriéndote como si nada.
Reincidente de tu sonrisa, de tus caricias, de tu voz, de tu mera existencia, aquella que me hacía caer una y otra vez en el mismo pozo sin fondo.
Empezamos a querernos bien (al menos es lo que yo creía/quería).
Comencé a bordear cada uno de tus rincones con mis dedos, a saborear cada beso, a vivir cada instante.
Memoricé cada curva, cada línea, cada color y olor de tu cuerpo, por si algún día volvieras a partir, poder recordarte y despertar cada mañana viendo tus ojos, aunque ya no te tuviera delante.
Era real. Eras tú. Éramos nosotros.
Y no quiero
que esto
acabe
nunca.
Hace no tanto tiempo, me juré a mí misma que si tuviera la lejana y remota posibilidad de volver a ti, lo rechazaría.
Bajo ninguna circunstancia habría pensado que volverías a mí de nuevo.
Desde que marchaste pasé día tras día, minuto tras minuto, recordando, quizá imaginando el momento de verte, esperando y por otra parte, intentando asimilar algo para lo que no estaba preparada: que no volvieras.
Pasaros los meses.
5 mensajes y una llamada asolaron mi corazón.
Estabas aquí.
Intenté ser fuerte, lo juro, pero como siempre, eras tú.
Volviste a mí como si de un recuerdo se tratara y seguí queriéndote como si nada.
Reincidente de tu sonrisa, de tus caricias, de tu voz, de tu mera existencia, aquella que me hacía caer una y otra vez en el mismo pozo sin fondo.
Empezamos a querernos bien (al menos es lo que yo creía/quería).
Comencé a bordear cada uno de tus rincones con mis dedos, a saborear cada beso, a vivir cada instante.
Memoricé cada curva, cada línea, cada color y olor de tu cuerpo, por si algún día volvieras a partir, poder recordarte y despertar cada mañana viendo tus ojos, aunque ya no te tuviera delante.
Era real. Eras tú. Éramos nosotros.
Y no quiero
que esto
acabe
nunca.


Comentarios
Publicar un comentario