Enséñame a escapar. De ti.
Era una ciudad tan tóxica, que cada avenida me recordaba a él.
A sus idas y venidas.
A sus cambios de aire y a su oscuridad llegada la noche.
Y sí. Él era como una noche cerrada, aunque tenía sus estrellas, su luna llena y sus ardientes besos llegado el amanecer.
Una ciudad por la que habíamos paseado tanto, que nos sabíamos de memoria cada centímetro de sus laberintos, de los cuales siempre habíamos podido escapar.
Ahora enséñame a escapar de ti.
Se acabaron los paseos nocturnos por cada instante de su piel.
Se acabaros los rastreos entre sus sábanas.
Se acabó.
Es muy duro recordar que ya no está en aquellos besos, en aquellas caricias, que aquellos ''quédate'', no salían de su boca. Ahora era otra la que me lo susurraba cada noche, pero en ella siempre estabas y estarás tú (o tu recuerdo).
Pero los recuerdos me están matando.
Me está matando.
A sus idas y venidas.
A sus cambios de aire y a su oscuridad llegada la noche.
Y sí. Él era como una noche cerrada, aunque tenía sus estrellas, su luna llena y sus ardientes besos llegado el amanecer.
Una ciudad por la que habíamos paseado tanto, que nos sabíamos de memoria cada centímetro de sus laberintos, de los cuales siempre habíamos podido escapar.
Ahora enséñame a escapar de ti.
Se acabaron los paseos nocturnos por cada instante de su piel.
Se acabaros los rastreos entre sus sábanas.
Se acabó.
Es muy duro recordar que ya no está en aquellos besos, en aquellas caricias, que aquellos ''quédate'', no salían de su boca. Ahora era otra la que me lo susurraba cada noche, pero en ella siempre estabas y estarás tú (o tu recuerdo).
Pero los recuerdos me están matando.
Me está matando.



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