Dolor en verso.

Escribía. Escribía oscuros versos en papeles tan rotos, como su alma.
Lloraba. Lloraba y volvía a escribir la historia de sus tristes noches.

Cada amanecer, un nuevo moretón relucía al sol, ante aquel sol que no percibía en su ardiente infierno.

Las noches se hacían eternas y más, cuando dejó de asomarse a la ventana.
Pasaron las semanas y por fin la volví a ver. Esta vez en compañía de un cabestrillo y varios puntos de sutura. Pero...¿también en el corazón?

Volvió a escribir, pero ninguno de los dos supimos que esa iba a ser la última vez.
¿Quién lo iba a haber sabido?
¿Quién iba a haber sabido que este mundo no era para ella? ¿Que su sitio se encontraba tan lejos...de mí?

Podría haberla salvado, qué se yo. Lo único que tenía claro es que ya no volvería a ver relucir su pelo al sol cada mañana, que no volvería a contemplar todos los tonos que alcanzaba su piel al cabo del día, ni tampoco aquellos ojos susurrando (pero a la vez gritando); ''Sálvame''.

Y aquí estoy de nuevo, en la ventana, esperándola y escribiendo.
Escribiendo su triste historia. Aquella que no llegó a terminar o al menos, como ella quería.

La diferencia es que la mía, tendrá un final feliz.

Hasta siempre.

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