Frozen

Resultado de imagen de frio  tumblr

Mi vida acabó un domingo.
Un domingo 19 de Diciembre de 2016.
Nevaba.
El gélido viento estremecía mis huesos, y los transparentes copos de hielo se posaban en mi abultado abrigo.
Fue una de las noches más frías del año. Una noche, que todo el mundo recuerda.
Respiraba con dificultad, jadeante. Me estremecía con cada escalofrío de mi columna..
Las ramas de los árboles se agitaban enfurecidas, Y las tenues farolas parpadeaban con cada paso que daba.
Quizá temían lo que iba a suceder, sabían que había llegado el momento.
Corrí calle abajo.
Mis gruesas botas resbalaban entre la cuajada nieve, y mis manos temblaban al compás de mis latidos.
Las desiertas calles, gritaban silencios ,reflejaban oscuridad.
 Una oscuridad que cegaba mi vista, a pesar de la luz que iluminaba mi camino.
Comencé a marearme.
Todo se tornó blanco. Pude sostenerme en las sólidas astillas de un banco de madera. Pero eso no me impidió seguir .
Seguí corriendo.
Un espeso vaho emanaba de mi boca. Estaba a tan solo dos manzanas.
Contemplé mi reflejo en los escaparates que se escondían tras esas sombrías verjas de los comercios.
Me sentía demasiado indefensa, y por un momento, sentí miedo.
No quería pararme a pensar, eso me haría retroceder.
Di por concluida la carrera, cuando llegué al majestuoso puente que escondía el ahora negro río.
Antes, miré al cielo.
Ahora él estaba allí. Me estaba esperando.
Respiré profundamente y me precipité al vacío.
La caída fue larga. Pero ya nada me importaba. Solo pensaba que, al final de ese camino, estaría él.

Se me acabó el aire.
Se me acabaron los sueños.
Se me acabó la vida.

Inmensidad.
Vacío.
E hiberné por siempre.
--------------------------------------------------------------
Sábado 19 de 2014

Era una fría mañana, tan común como todas.
Pero algo especial pasó en ella.
Fue la mañana en la que el destino me concedió ver su sonrisa, sus increíbles ojos color almendra. o su perfecto pelo castaño.
Me miró en aquella biblioteca. Entre las altas estanterías abarrotadas de libros cubiertos de una leve capa de polvo.
Su mirada me hizo estremecer. Sus ojos se clavaron en los míos con tanta fuerza, que mi respiración se cortó.
Me costó volver a llenar mis pulmones, y de un momento a otro, él ya no estaba allí.
Busqué su mirada entre los ojos de la gente, y le encontré cargado con un montón de libros sentado en una de las grandes mesas.
Me sentí idiota.
Disimulé hojeando un par de libros, mientras observaba cada uno de sus impecables movimientos.
La forma tan peculiar que tenía de pasar las hojas, las duras, pero a la vez suaves fracciones de su rostro, o la manera en la que agarraba su bolígrafo.
Tenia entre mis manos ''Romeo y Julieta''
-¡Oh, no!- gruñí.
Odiaba aquella locura de amor, de suicidio. Nunca había creído que alguien fuera capaz de hacer eso. De abandonarlo todo por una persona, que a lo mejor un día te daría la espalda.
Volví a dejarlo en su sitio.
Rebusqué entre los viejos lomos de los libros , y por fin encontré lo que quería. 'Penas del joven Werther'
Aquel chico seguía allí, tan concentrado como hacía unos minutos. Decidí sentarme enfrente de él, en una de las pocas sillas que quedaban libres.
No sé que esperaba encontrar. Era demasiado perfecto como para fijarse en una chica como yo.
Abrí el libro.
'4 de mayo de 1771 
¡Cuánto me alegro de haber marchado! ¿Qué es, amigo mío, el corazón 
del hombre? ¡Dejarte, cuando tanto te amaba, cuando era tu 
inseparable, y hallarme bien!'

Amor imposible, amor no correspondido, deseo,infidelidad...
Siempre trataban de lo mismo. No existía el amor puro, el verdadero, al menos sabía que yo nunca lo experimentaría.
 Tenía unas ganas inmensas de hablar con él, de oír su voz.. cuando de pronto, levantó sus pupilas del libro, y me sorprendió observándole.
Desvié mis ojos hacia el otro punto de la biblioteca, pero en cambio, seguía sosteniendo su mirada.
Mis piernas temblaban descontroladamente, y mi frente comenzó a transpirar.
Decidí concentrarme de nuevo en el libro, a pesar de la enorme presión que sentía encima.
'La vida humana se reduce a un sueño, esto es lo que muchos han 
creído, y tal idea no deja de perseguirme'
Así, pasaron un par de horas, alternando nuestras miradas, hasta que a las 12.00 decidí levantarme a dejar el libro, e ir a casa.
Observó cada uno de mis pasos, cada gesto, hasta que también decidió levantarse, e ir tras de mí.
Afuera el viento azotó mi pelo. Ajusté mi gorro de lana y comencé a andar con paso ligero. Pero alguien me agarró del brazo.
Sobresaltada ,me di la vuelta. Ahí estaba . Frío, distante. Pero en sus ojos pude ver un imperceptible brillo, un brillo que solo pocos lograban ver.
Me estremeció la firmeza con la que me sujetaba los brazos, como si imaginara que iba a caerme.
-¿Cuál es tu nombre?
Mi mente estaba en blanco. ¡Ni siquiera me acordaba de cómo me llamaba!
-Erica..- conseguí articular.
-Encantado, yo soy Izan.
-¿Podrías soltarme?- intenté decir con sutileza, para no resultar brusca, dado que comenzaba a hacerme daño.
-Oh si, lo siento.. Me he puesto nervioso.
No comprendí. ¿Nervioso? ¿Por mí?
fue como si hubiera escuchado mis pensamientos.
-Nervioso por ti. No quería dejarte escapar.
En ese momento, cayó el primer copo del invierno. Cayó sobre nosotros. Como si el cielo supiera que había pasado algo, como si supiera, que algo acababa de comenzar.
----------

Dio comienzo una nueva etapa de mi vida, en la que Izan ahora formaba parte.
Todos los viernes íbamos al cine, de compras, a cenar..
Siempre me sorprendía. Cada instante descubría cada uno de sus detalles, algo que me llenaba completamente.
Formaba parte de mi mundo, y no quería que aquello acabara nunca.

------------------------------------------------------

Fueron dos magníficos años.
Tiempo en el que solo existíamos él y yo.
Todo era perfecto, hasta que un día, discutimos.


Salió de casa pegando un enorme portazo. Seguidamente cogí mi abrigo y corrí tras él entre la espesa niebla y aquella enorme luna nueva que iluminaba la noche.
 Andaba muy deprisa, tanto, que tuve que correr hasta que solo nos separaban unos metros.
Las ramas de los árboles gemían ante el poderoso viento y el sonido de mis botas retumbaba en las desiertas calles.
Estaba muy enfurecido. No quería escuchar, no quería hablar, ni si quiera lo vio...
No lo vio.
Un coche a gran velocidad avanzaba, sin frenos, sin control.
Grité su nombre, quizá demasiado tarde. Se giró y me miró. Me miró por última vez.
Sus ojos suplicaban  perdón, quizá enojo, quizá adoración.
Fueron sus últimos segundos. Segundos que me dedicó a mí. Un instante justo antes de ver su cuerpo destrozado en medio de la carretera.
Me derrumbé.
Mis piernas no pudieron soportar mi peso. Volví a gritar su nombre, una, dos, tres veces.
Pero Izan, ya no estaba.

--------------------------------------------------------------
Sábado 18 Diciembre 2016
La presión era tan grande que ni siquiera podía abrir los ojos. Sentía un gran vacío en mi pecho.
Un vacío, una ausencia que nunca nadie más podría llenar,

Y así, terminó todo, una noche de domingo.
Nevaba.
 Al fin y al cabo, ¿qué iba a hacer en un mundo donde él no estuviera?


Inmensidad.
Vacío.
E hiberné por siempre.
Junto a él.




Comentarios

Entradas populares